Descripción del blog


Este blog educativo está dedicado a la Historia del Arte en general, y a la Historia de las Artes Decorativas y el Diseño en particular (indumentaria, joyería, cerámica…). Apuntes de Fundamentos del Arte I y II. Cine en el Arte, Arte en el Cine. Todos los textos han sido escritos por la autora del blog, Ana Galván Romarate-Zabala. Si los utilizas, cita las fuentes. Todas las imágenes contenidas en esta web tienen exclusivamente una intencionalidad didáctica. Si alguna imagen empleada vulnera derechos de autor, puede solicitar la retirada del material que considere de su propiedad intelectual. El contenido de mis artículos puede ser descargado libremente, pero por favor, cite la procedencia. Imagen que encabeza el blog: Un Bar aux Folies Bergère, Édouard Manet, c. 1882. Courtauld Institut, Londres. Fuente de la imagen: Wikimedia Commons. Public Domain

viernes, 30 de noviembre de 2012

MESOPOTAMIA EN BARCELONA

Saludos,
Llega a CaixaForum Barcelona la exposición Antes del Diluvio. Mesopotamia 3500-2100 a de C, una ocasión única para poder contemplar piezas impresionantes de la cuna de la civilización occidental.
Por cierto ¿se expondrá también en CaixaForum Madrid?


Información extraída de la web de Caixaforum sobre esta muestra:

Hace unos cinco mil quinientos años, en las marismas del delta de los ríos Tigris y Éufrates (en el sur de Iraq) los pueblos mesopotámicos que hablaban sumerio y acadio crearon las primeras ciudades. La primera organización territorial surgió, desde principios del cuarto milenio antes de Cristo, en un espacio fértil y al mismo tiempo inhóspito.
Con la primera ciudad, Uruk, se creó la primera red de comunicaciones, con vías, canales y postas, se desarrollaron jerarquías sociales y la división del trabajo, el capitalismo, un poder fuerte (monárquico o imperial), la escritura, el cálculo, las unidades de medida del tiempo, el espacio y el valor de los bienes, el derecho, manifestaciones culturales a través de las cuales el ser humano se fue desmarcando de la naturaleza, al mismo tiempo que la dominaba.
A través de unas cuatrocientas piezas arqueológicas, procedentes de grandes colecciones públicas internacionales, y varios documentos antiguos y contemporáneos, "Antes del diluvio. Mesopotamia, 3500-2100 a. C." explora qué le debemos a esta primera cultura del antiguo Oriente Próximo, qué imagen del mundo tuvieron los mesopotámicos del cuarto y tercer milenio a. C., que, en gran parte, nos ha sido legada a través de la Biblia, el Corán y varios mitos y textos griegos.
Se incluye alguna obra actual que revela qué imagen tenemos hoy de una cultura en su mayor parte sepultada, arrasada por la fragilidad de los materiales empleados (barro y cañas) –la piedra escaseaba– y destruida por el tiempo y el hombre.
El cuadríptico de la exposición, aquí.

jueves, 29 de noviembre de 2012

¡QUE VIENE CHUS BURÉS!

Saludos,
Estoy contando los días para que venga a nuestra Escuela el gran diseñador Chus Burés. Si los dioses u otros imprevistos no lo impiden, será el próximo lunes 3 de diciembre de 2012, a las 4 de la tarde, dentro de las Jornadas de Innovación y Diseño que están teniendo lugar en la Escuela de Arte y Superior de Diseño Gran Canaria. Impartirá una conferencia y un seminario durante dos días.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

FASHIONING FASHION: DOS SIGLOS DE MODA EUROPEA, 1700-1915

Saludos,
El próximo 13 de diciembre de 2012 se inaugura en el Museo de Artes Decorativas de París  la muestra Fashioning fashion: deux siècles de mode européene, 1700-1915. 
La exposición se podrá visitar hasta el 14 de abril de 2013.
Aquí podemos ver un video sobre los preparativos de la que va a ser una de las grandes muestras de esta temporada:

martes, 27 de noviembre de 2012

ACTIVIDAD INICIAL SOBRE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

                              La muerte de Marat, por J. L. David, 1793, Museo de Bellas Artes de Bruselas



La Revolución francesa de 1789 fue uno de los hechos más transcendentales de la Historia de la humanidad. Su influencia marcará de forma indeleble toda una época tanto en los aspectos artísticos –no hay arte que escape a su influjo, hasta la cerámica- como por supuesto sociales, económicos, políticos. Como actividad inicial sobre la influencia de la Revolución francesa en la indumentaria, veremos el siguiente video y contestaremos las siguientes preguntas:


1.     Definición de Ancien Régime o Antiguo Régimen.

2.     ¿Con qué mote era conocida María Antonieta?

3.     ¿Qué visión da el video sobre María Antonieta como icono de moda?

4.     ¿Qué movimiento cultural fue vital para que surgiera la Revolución francesa?

5.     Situación de Francia en los albores de la Revolución francesa (económica, social, política).

6.     Explica el papel del clima y de la harina como elementos coadyuvantes al surgimiento de la Revolución francesa.

7.     Señala varios personajes esenciales de la Revolución francesa.

8.     ¿Qué fue la época del Terror?

9.     ¿Qué era el tercer estado?

10.  Consecuencias de la Revolución francesa.





domingo, 25 de noviembre de 2012

PRECOZ VAN DYCK

Autorretrato, Van Dyck 1615
                                                                          
Saludos,
Una de las exposiciones más apetecibles de esta temporada, es sin duda la que acaba de ser inagurada en el Museo del Prado sobre El joven Van Dyck. Leo en la revista El Cultural de El Mundo este excelente artículo del gran historiador del Arte, mi admirado profesor Fernando Checa, sobre esta muestra. Por su interés, la reproduzco totalmente:


Precoz Van Dyck

El joven Van Dyck

Fernando CHECA | Publicado el 16/11/2012 |  Ver el número en PDF

El Museo del Prado inaugurará el próximo martes, 20, una de las citas del año. Se trata de la primera exposición dedicada en España a la pintura y dibujos de El joven Van Dyck y una de las mayores muestras dedicadas a este artista desde la celebrada en la National Gallery de Canadá, en Ottawa, en 1980. Patrocinada por la Fundación BBVA, reúne casi un centenar de obras, más de la mitad de ellas pinturas, de la prolífica producción del mejor discípulo de Rubens durante su adolescencia, allá por 1615. Con piezas llegadas de las mejores pinacotecas del mundo, entre ellas el propio Museo del Prado, que posee la mayor compilación de la obra temprana de Van Dyck y que ahora aporta cinco obras, esta exposición está organizada por Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca del Museo del Prado y Friso Lammertse, Conservador del Boijmans van Beuningen Museum de Rotterdam. El historiador del arte Fernando Checa la pone en contexto.


La exposición El joven Van Dyck que presenta el Museo del Prado en colaboración con el Museo Boijmans von Beuningen de Rotterdam, plantea uno de los temas más fascinantes que más intensamente ocupan en las últimas décadas a los estudiosos de historia del arte de épocas como el Renacimiento y el Barroco. Hablamos de las relaciones maestro-discípulo, de las maneras de trabajar en los talleres de los primeros y de la influencia y la presión de los encargos de comitentes y coleccionistas sobre el trabajo artístico. Cada vez se tiene más conciencia de la importancia del taller no sólo como centro de creación, sino como lugar de producción de obras, a veces en gran número, en un momento en el que la demanda de las mismas se hacía masiva y la moda por decorar palacios, iglesias, capillas y galerías con pinturas se había extendido desde Italia por toda Europa.

Ya hace varias décadas que un historiador como André Chastel escribía sobre “el gran taller de Italia” para referirse a la proliferación de centros de producción en Florencia y otros lugares de la Península itálica a finales del siglo XV, en un fenómeno que tuvo su momento culminante en el círculo de Rafael en la Roma de los papas Julio II y León X, y que no hizo otra cosa que crecer a lo largo del siglo XVI. Cada vez resulta más conocido un taller como el de Tiziano Vecellio en las décadas centrales de la centuria, así como el de otro pintor veneciano como Jacopo Bassano, que llegó a crear una auténtica industria familiar que llegó a atender demandas de muy diversos lugares de Europa. De todos es sabido, por otra parte, la profunda influencia que el comportamiento artístico de Tiziano tuvo en el ambiente flamenco de Rubens y ello no sólo a nivel estilístico y de transmisión de modelos y maneras de pintar, sino en el de actitudes y formas de concebir el trabajo y el encargo.


La caza del jabalí, 1618-1620 (detalle)

Otro de los efectos de esta manera de actuación artística ha sido el progresivo cuestionamiento, por parte de los historiadores, de la misma idea de originalidad. Producto más bien del profundo individualismo típico de la época contemporánea, en los siglos del Renacimiento y el Barroco la inspiración para composiciones, posturas de figuras, gestos, ademanes, rostros... en la obra de maestros anteriores, en dibujos y, sobre todo, en estampas y grabados fue continua y en modo alguno criticada. Rubens realizó versiones de prácticamente todas las obras de Tiziano, éste rehacía muy a menudo obras y figuras de Miguel Ángel, quien, a su vez, buscaba su inspiración en la escultura helenística. Un gran maestro estrictamente contemporáneo de Van Dyck como el español Diego Velázquez no dudaba en inspirarse en los grabados de Alberto Durero e, incluso, en alguna de las figuras de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.

El gran taller de pinturas del siglo XVII fue, sin duda, el de Pedro Pablo Rubens en Amberes que atendió a solicitudes no sólo de su país y de su entorno flamenco, sino a las muy numerosas de la corte española de Felipe IV, la inglesa o la francesa con amplios ciclos de pinturas como los que hoy contemplamos, sin ir más lejos, en el Museo del Prado donde se conserva, entre otros, la famosa serie para la Torre de la Parada, la más amplia que salió del taller de Rubens para el rey de España, o la serie dedicada a María de Medicis en el Louvre.

Es éste el ambiente en el que se formó el joven Van Dyck, un artista muy precoz que había nacido en 1599, el mismo año que lo hizo Velázquez.La precocidad del artista, una de las características que pretende destacar esta exposición, se demuestra con la obra que abre la misma, un Autorretratode 1615, es decir, de cuando tenía quince años, así como por la gran cantidad de obras que realizó en Amberes, donde había nacido y donde estuvo hasta 1621, año en el que realizó su viaje a Italia. Es éste un hecho preceptivo en esta época para cualquier artista que se preciara, y más si se trabajaba en el entorno de Rubens para el que Italia, Venecia y Roma especialmente, resultaba una etapa y un momento imprescindible para la formación de cualquier artista que se preciara.

Sansón y Dalila, 1618-1620 (detalle)

Durante este relativamente corto período de tiempo, el joven artista realizó unas ciento sesenta pinturas, de las que la exposición del Museo del Prado nos muestra nada menos que cincuenta y dos, junto a cuarenta dibujos relacionados con esta etapa de su producción. Estos cuadros no fueron sólo retratos y obras de mediano formato, sino, en ocasiones, obras de gran envergadura y ambición como el famoso El Prendimiento del Museo del Prado, en el que Van Dyck se siente ya muy liberado de la influencia de su maestro Rubens. Esta obra es una de las más ambiciosas de esta primera etapa, la que más, y es una de las últimas realizadas antes de su viaje a Italia. En ella, podemos observar ya su gusto por las figuras elegantes y estilizadas, el dinamismo interno que otorga a sus composiciones y su peculiar uso del color y la pincelada en busca de un dramatismo barroco que, sin embargo, nunca alcanza la intensidad emocional de Rubens. En La coronación de espinas, una obra que también forma parte de las colecciones del Pardo, la deuda con su maestro es mucho mayor, indicando que nos encontramos en la primera etapa de su producción.

La contemplación de esta exposición en el museo madrileño permite, con todo, el continuo cotejo con la obra de su maestro, la lucha, tan presente en esta pintura, por distinguirse del mismo, y la evidencia no sólo de la mayor creatividad del primero, sino de la pasión vital que Rubens ponía en su obra, que en el caso de Van Dyck es sustituida por el estudio, la investigación de posturas, gestos y actitudes mucho más formalizadas y, en cierta manera, rebuscadas. En Rubens fluye incontenible la vida del hombre y la historia y gusto por la pintura, mientras que en Van Dyck nos encontramos ante un sofisticado estudioso del rostro humano, de las texturas pictóricas y del elitista gusto de las clases aristocráticas del Barroco. Pero ya en obras muy tempranas como El Sileno ebrio, magnífico préstamo del Museo de Dresde, podemos apreciar ya la fuerza, el interés y la temprana madurez del artista en el tratamiento de las figuras de la mitología clásica, mientras que en su Martirio de San Sebastián volvemos a la manera estilizada y elegante que le caracterizará toda su vida.

El prendimiento, 1620-1621 (detalle)

Al contrario que otras exposiciones de este tipo , la preocupación de los comisarios, Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura flamenca en el Museo del Pardo y Friso Lammertse, del Boymans van Beuningen de Rotterdam, no ha sido tanto la de precisar atribuciones y autorías, como la de constatar y estudiar un fenómeno artístico como es el de las características de la creación y el del surgimiento de una potente personalidad como la de Van Dyck en un taller importante. Por eso, han centrado su acertado trabajo en constatar y tratar de explicar lo complejo de las abundantes creaciones juveniles del artista en relación con la impactante presencia de Rubens. En la exposición vemos pinturas muy dependientes de modelos y maneras del maestro junto a otras en las que deliberadamente quiere separarse de él.

Este forcejeo entre juvenil discipulado y deseo de emancipación, crea una tensión estilística y formal que es uno de los mayores atractivos de la selección que el Prado nos presenta, que nos permite gozar con el estudio de un pintor todavía en ciernes, pero que es capaz de realizar obras de la intensidad de La lamentación, con otras de sorprendente madurez como algunas de las ya mencionadas previas a su partida para Italia.

Van Dyck premanecerá siete años en el país del sur, con estancias en lugares como Génova y Sicilia donde, al calor de los grandes maestros, a los que estudiará en su famoso Cuaderno italiano, alcanzará su madurez pictórica que abarca todos sus géneros, llegando a obras maestras en todos ellos, fundamentalmente en el retrato. La exposición del Museo del Prado, que rinde tributo a uno de los grandes pintores de la colección a menudo eclipsado por la personalidad de Rubens, se cierra con un homenaje de Van Dyck a este último, un homenaje que, a la vez, es un excelente retrato: el de Isabel Brandt, mujer de Rubens, del que las fuentes de la época nos dicen que se trata de un retrato del discípulo poco antes de su partida. Junto al excelente retrato de Susana Fourment y su hija Clara del Monte, ambos préstamos de la National Gallery de Washington concluyen esta exposición, cuyo espíritu podemos continuar por las salas flamencas del Museo del Prado. Una fabulosa colección, en realidad la mejor que existe, y en parte todavía custodiada en los almacenes, que estamos deseando ver colgada en sus salas en todavía mayor cantidad en próximas fechas. 


Para saber más: 
Este maravilloso post sobre Van Dyck, el gran retratista escrito por Paco Hidalgo.

viernes, 23 de noviembre de 2012

jueves, 15 de noviembre de 2012

LA OBRA ESCULTÓRICA, LA ARCILLA Y LA PINTURA (CONFERENCIA DE MIQUEL BARCELÓ)

Saludos,
Esta tarde, a las 19.30, se celebrará una conferencia sobre Miquel Barceló en la sede de la Fundación Mapfre de Madrid, presentada por el magnífico profesor y crítico de arte Francisco Calvo Serraller.
La conferencia se puede seguir on line aquí y posteriormente se podrá consultar en la web de Mapfre.

La obra escultórica, la arcilla y la pintura (Conferencia de Miquel Barceló)
Jueves 15 de noviembre, 19:30 h

Desde que irrumpió en la escena internacional en la Bienal de São Paulo de 1981 y en la Documenta VII de Kassel en 1982, la carrera de Miquel Barceló no ha hecho sino crecer y afianzarse como modelo contemporáneo de artista que liga su actividad con la gran tradición de la pintura occidental desde el Barroco. Instalado entre París y Mallorca, desde mediados de los ochenta sus frecuentes viajes a África Occidental alimentan su imaginario de figuras y mitos. En esos mismos años comienza a exponer en importantes museos y galerías de Europa y Estados Unidos hasta convertirse en uno de los artistas españoles más valorados en el panorama internacional. Su obra ha sido expuesta, entre otras instituciones, en: CAPC (Burdeos), IVAM, Jeu de Paume, Centre Pompidou, Musée des Arts Décoratifs, Museé du Louvre, Galleria Nazionale d'Arte Moderna (Roma), Museu d'Art Contemporani (Barcelona) o el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Recientemente ha llevado a cabo grandes intervenciones como el recubrimiento cerámico en la Capilla de Sant Pere (Catedral de Mallorca) o la cúpula de la sala XX del Palacio de las Naciones Unidas (Ginebra). Entre otros galardones, ha recibido los premios Nacional de Artes Plásticas (1986) y Príncipe de Asturias a las Artes Plásticas (2003).

Su obra se adscribió, desde sus comienzos, a la corriente expresionista de recuperación de la pintura, a la que imprimió un inequívoco sello de mediterraneidad. De la intimidad del artista y el acto de pintar, a la que se dedicaban sus primeras obras de madurez, su atención se ha ido extendiendo a otras temáticas: naturalezas muertas, imágenes de bibliotecas y museos –trasunto de su interés por la historia de la pintura-, paisajes saturados de flora y fauna terrestre y marina…. Junto a sus producciones escultóricas y cerámicas, especial importancia adquieren sus dibujos, organizados como diarios de viaje, en los que realiza una exploración paralela del territorio y de los materiales de la pintura. En esta sesión, que se enmarca dentro de la colaboración que de forma regular mantienen la FUNDACIÓN MAPFRE y la CATEDRA JORGE OTEIZA (Universidad Pública de Navarra), el artista mallorquín abordará las concepciones teóricas y los procesos creativos que confluyen en su producción escultórica, así como sus relaciones con la pintura. Durante su intervención se proyectarán imágenes del documental El cuaderno de barro, del director Isaki Lacuesta, en el que se refleja la actividad artística de Miquel Barceló en Mali.


En vimeo podéis ver El cuaderno de barro 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

LOS USHEBTI

Saludos,
Interesante trabajo de mis alumnos Javier Ayax Díaz Arriaga y Javier Rakatobe Ramírez, de Primero de Historia de la Cerámica Artística, sobre los Ushebti del antiguo Egipto.

sábado, 10 de noviembre de 2012

ACTIVIDADES. ARTE DEL ANTIGUO EGIPTO (Y IV): EGIPTOMANÍA

                                                               Hotel Luxor, Las Vegas, EEUU

                              La bellísima actriz Elisabeth Taylor caracterizada como Cleopatra (1963)
                                               
                                             La egiptomanía en las artes decorativas


                                                    La egiptomanía en la moda


                             Reloj Cartier de 1927 o un ejemplo de la fusión art déco-egiptomanía 
La pirámide de Pei en el Louvre, 1989
             
Esta actividad consiste en la lectura y posterior comentario y debate en clase sobre este interesante extracto de un texto de F. Lara Peinado llamado "Egiptomanía". Abunda en referencias culturales que no podemos dejar pasar por alto...

EGIPTOMANÍA

(De Egipto y manía); sust. f.
1. Afición exagerada a la egiptología o estudio del antiguo Egipto: la egiptomanía de Occidente ha dado lugar a numerosas películas y libros.
[Historia] Prácticamente, desde que Egipto fue visitado por los primeros viajeros griegos (entre ellos, Hecateo de Mileto y Heródoto), el país, sus costumbres y sus monumentales templos y tumbas (sobre todo las pirámides) causaron una enorme impresión y, consecuentemente, una admiración extraordinaria. Egipto acabó convirtiéndose muy pronto en un mito, gracias a los escritos de algunos de los más importantes historiadores y geógrafos griegos. La admiración por el país de las pirámides pasaría muy pronto a Grecia, y de aquí a Roma y más tarde a toda la cultura occidental, que ha conseguido mantenerla a través de los siglos y hasta la actualidad, como dejan ver las recreaciones artísticas que constantemente se suceden (todas las esferas artísticas han sido tocadas por la egiptomanía) y las numerosísimas publicaciones, tanto científicas como de divulgación y entretenimiento, existentes en todo el mundo. Entre éstas últimas hay que señalar, como muy influyentes, la novela de Mika Waltari (Sinuhé, el egipcio) y las del Premio Nobel Naguib Mahfuz (La batalla de Tebas, La maldición de Ra). En el caso español, las de Terenci Moix (entre ellas, No digas que fue un sueño), y en el mundial, las del actual y prolífico egiptólogo francés Christian Jacq (caso de su pentalogía sobre Ramsés II o su trilogía El Juez de Egipto y otros best sellers). A ello se añaden las constantes visitas turísticas al país del Nilo desde los más diversos rincones del planeta, las numerosas exposiciones montadas en diferentes países (baste recordar tan sólo las del Petit Palais de París en torno a La Gloria de Alejandría -1998- y la del Arte Egipcio en Tiempos de las Pirámides -1999-), siempre muy concurridas y, por supuesto, la innumerable serie de productos de consumo fabricados en todo el mundo con el reclamo del país de los faraones, que podrían ir desde los cómics, la filatelia y los muebles de diseño hasta el cine y la ropa interior, por citar unos ejemplos.
Egiptomanía griega
La frase de Heródoto, “El Egipto al que los griegos llegan por mar es para los egipcios tierra adquirida y un don del río”, puede tomarse como una de las citas obligadas de la egiptomanía, dado el entusiasmo que la misma encierra implícitamente. Dicho historiador del siglo V a.C., que dedicó el Libro II de sus Historias a Egipto, contribuyó de manera innegable a difundir el interés por todo lo egipcio (historia, monumentos, costumbres). Su Libro II se convirtió en obra de consulta obligada durante toda la Antigüedad, siendo, de hecho, quien despertó la pasión por Egipto. Anteriores a Heródoto fueron Hecateo y Homero, que también dejaron notar su interés por Egipto. El primero en su Periegesis y el segundo en sus grandes obras, la Odisea y la Ilíada. Para Homero, el río Nilo, nombre que sirvió para identificar al país, nacía milagrosamente “de la lluvia del cielo” (Odisea, IV, 475-479). También en la Ilíada mantiene su asombro por Egipto, llegando a acuñar la idea de la gran riqueza de Tebas, ciudad que tenía nada menos que “cien puertas” (IX, 379-384). Asimismo, Hesíodo, en su Teogonía (V. 338), hizo al Nilo descendiente de la unión de una diosa de las aguas primordiales con el mítico Oceáno. Esta concepción mítica del gran río también estaría presente en el famoso trágico griego Esquilo. Diodoro Siculo (siglo I a.C.) dedicó asimismo el primero de los libros de su Biblioteca Histórica a Egipto, destacando la feracidad de sus tierras, debidas al más importante río, según él, del planeta, el Nilo. En aquellas ideas de abundancia y prosperidad también insistiría el historiador y geógrafo Estrabón (30 a.C.), quien dedicaría el Libro XVIII de su Geografía a la descripción del país, volviendo a remarcar su autosuficiencia en todos los órdenes.
La admiración por Egipto continuó durante la época helenística, años en los que una dinastía greco-macedónica llegó a regir los intereses históricos egipcios desde la gran ciudad de Alejandría, enclave en sí mismo extraordinario dada la riqueza y esplendor de sus monumentos, y que llegó a contar con una de las maravillas de la Antigüedad, su famoso faro, que, junto a la tumba de Alejandro Magno, eran elementos más que justificados para motivar el interés de cuantos a ella acudieran. El poeta griego de Siracusa, Teócrito, del siglo III a.C., llegó a cantar en uno de sus Idilios (el XVII) que Egipto era la tierra más fértil del Universo, tierra gobernada en su opinión por el viril Ptolomeo, que no era otro que Ptolomeo II, a quien el poeta aduló durante su estancia en Alejandría. Otro elemento que contribuyó a mitificar a tal ciudad y, por extensión, a todo Egipto, fue su famoso museo o Casa de las Musas, uno de cuyos componentes era la célebre Biblioteca, foco del saber universal de la Antigüedad. Asimismo, la obra de Horapolo, un egipcio del Alto Egipto que vivió en e siglo IV de nuestra era y que escribió en copto unos Hieroglyphica (con caracteres simbólicos, que intentaban imitar la escritura jeroglífica), contribuiría siglos después a popularizar tal tipo de escritura, que durante muchísimos años constituyó un verdadero enigma interpretativo.
Egiptomanía en Roma
La mitificación de Egipto y el gusto por todo lo relacionado con aquel país se debió asimismo a los romanos, que habían hecho del territorio norteafricano una de sus más ricas provincias. A pesar de una primera aversión de tipo político hacia los Ptolomeos y Cleopatra VII, fruto de la propaganda de Octavio Augusto, Egipto acabaría siendo exaltado en época imperial, y diferentes emperadores no dudaron en construir importantes edificios que constituyeron también un gran señuelo para multitud de viajeros romanos. Además de lo construido por orden de Augusto (en Dendur, Kalabsha -aquí con un templo dedicado al dios nubio Mandulius- y Dendera) y Tiberio, el gran Nerón decoró varios templos y Trajano edificó en la isla de Philae un quiosco para el servicio de las procesiones. A la riqueza de monumentos faraónicos, todavía en su esplendor, se unía el gran atractivo de la religión egipcia y de sus dioses (en especial Isis, que contó con templos en Pompeya, Herculano y la propia Roma), así como el de las virtudes terapéuticas de algunos de sus templos, que hacían de los mismos un motivo más para acudir a los grandes recintos sagrados egipcios, los cuales fueron visitados hasta el siglo III de nuestra era. Uno de los ilustres visitantes romanos de Egipto fue el emperador Adriano, que viajó al mítico país en dos ocasiones (en el 117 y en el 129) atraído por su civilización. Las experiencias místicas de los fieles de Isis quedaron reflejadas en El asno de oro, de Apuleyo, coetáneo de Antonino Pío, emperador que también viajó a Egipto. Su sucesor, Marco Aurelio, construyó un templo a Hermanubis, el Hermes egipcio. Cómmodo, por su parte, testimonió una devoción particular por los cultos isíacos, y también Septimio Severo viajó por Egipto.
Sin embargo, la acción de Teodosio (384) y luego de Justiniano (543), que ordenaron suprimir los cultos paganos y clausurar los templos, fue un duro golpe para la religión y el arte egipcios, y significó un retroceso en el interés por lo referente al territorio norteafricano. Además de las tres grandes pirámides, se sabe que los Colosos de Memnón (que en realidad son estatuas del faraón Amenofis III) fueron los que mayor interés despertaron entre los visitantes, lo cual sirvió para que se tejieran en torno suyo diferentes leyendas. También surgieron exóticas y absurdas narraciones surgidas en torno a las pirámides, al tiempo que muchos obeliscos egipcios fueron llevados a Roma y se construyeron tumbas en forma de pirámide (la más popular fue la de Cayo Cestio, en Roma) y villas y jardines a la egipcia (caso de los de Loreio Tiburtino), sin olvidar que la serie de cultos extendidos por el Imperio contribuyeron a una mayor egiptomanía. Una de las fuentes más famosas de la egiptomanía romana fue la Tabla Isíaca, llamada también Mensa Isíaca o Tabula Bembo (hoy en Turín -Italia-), una tabla de bronce del siglo I, romana, con la figuración de numerosas divinidades egipcias que, redescubierta en 1525 y publicada años después por A. Kircher, causó un enorme impacto. 
Egiptomanía en tiempos medievales
A pesar de la conquista árabe en el año 640, Egipto mantuvo el interés del mundo europeo durante los tiempos medievales gracias sobre todo a sus pirámides y a su escritura jeroglífica, que, obviamente, seguía sin ser descifrada. Las primeras seguían ejerciendo la tradicional atracción incluso sobre los gobernantes que controlaban el país, caso del califa abásida El-Maamun, que las visitó a comienzos del siglo IX. Dos siglos después, Abu Yakub penetró en la gran pirámide con el objeto de buscar fórmulas mágicas tendentes a curar enfermedades, convertir las piedras en oro y averiguar el futuro, señuelos que, a pesar de los evidentes fracasos, no arredraron a otros importantes personajes de tiempos posteriores. El sultán Aziz Othiman, hermano del famoso Saladino I, llegó a comienzos del siglo XII a la descabellada idea de derribar las pirámides, a fin de obtener cuanto de riqueza se hallase en su interior, pero la magnitud del esfuerzo que ello hubiese significado libró a las mismas de su desaparición. Sin embargo, empezó la época en la que las pirámides pasaron a funcionar como cantera, utilizándose muchas de sus piedras en la construcción de fortificaciones y mezquitas de El Cairo. Por supuesto, las leyendas sobre Egipto, sus monumentos y gentes continuaron difundiéndose en el mundo cristiano, llegando así a hacer del área septentrional egipcia parada obligada en las peregrinaciones hacia Tierra Santa.
Egiptomanía durante los tiempos modernos
El humanismo renacentista, volcado en la recuperación de las antiguas Grecia y Roma, también se fijó en Egipto, y comenzaron a manejarse los viejos textos medievales que habían copiado los Hieroglyphica de Horapolo, obra descubierta en Grecia a comienzos del siglo XV. Otro de los trabajos de la egiptomanía fue el de Francesco Colonna, aparecido en 1499 y titulado El sueño de Polifilio. En dicha publicación se narraba el fantástico viaje que un joven había tenido en sueños y durante el cual había hallado magníficos monumentos e inscripciones jeroglíficas (prácticamente todas ellas inventadas), que se atrevió incluso a interpretar. En 1589 se escribió el primer relato de viajes sobre Egipto, realizado por un mercader desconocido y llamado El veneciano anónimo, texto que alcanzó un enorme éxito. Durante los siglos XVII y XVIII, Egipto comenzaría a ser enfocado ya bajo estudios prácticamente científicos, después de abandonarse la imagen un tanto distorsionada que se había tenido del país del Nilo en tiempos del barroco. Incluso el gran William Shakespeare abordaría el tema egipcio en su obra Antonio y Cleopatra, inspirada en una de las Vidas paralelas de Plutarco. Diferentes escultores (C. Michel, A.-G. Grandjacquet) pusieron de moda las figuras de Osiris, Isis y Antinoo, este último el favorito del emperador Adriano; por su parte, numerosos pintores (Tiepolo, Mengs, Gauffier, Cagnacci o Lorrain, por citar algunos) contribuyeron con sus cuadros a popularizar el tema de la reina Cleopatra, muy en boga entonces y referente inexcusable de la egiptomanía. 
Por su parte, el artista Giambattista Piranesi (1770-1778) significó un gran aporte a la egiptomanía por su decoración de interiores (Café des Anglais, de la Plaza de España, en Roma -Italia-) y por la publicación de sus tratados técnicos defendiendo el arte egipcio, que aplicó incluso al diseño de sus chimeneas a la egipcia. Otros artistas (Hubert Robert, por ejemplo), se centraron en la representación de ruinas de obeliscos y paisajes nilóticos. Tres importantes estudiosos, el danés F. Louis Nordem, el inglés R. Pococke, y el francés C. Sicard, continuaron manteniendo vivo el interés por el antiguo Egipto con sus trabajos. La gran expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto en 1798, tras los informes de Vivant Denon, motivaría la difusión de una verdadera egiptología por todo Occidente que, no obstante, en ningún caso desplazaría a la egiptomanía.
El momento histórico del Romanticismo del europeo continuó manteniendo notablemente la difusión de lo egiptológico entre viajeros (G. B. Belzoni), pintores y dibujantes (Girolamo Segato, Gustave Doré -con sus magníficas ilustraciones de la Biblia- E. Long, David Roberts, H. Horeau, F. Faruffini, E.-J. Poynter, J.-A. Rixens, A. Cabanel), escultores (I. Broome, H. Chiparus, H. Ducummun, H. Weekes, E. L. Picault, Ch. H. J. Cordier) y literatos, uno de los cuales, Gustave Flaubert contribuiría muchísimo a dicha difusión con su memorable libro Viaje a Oriente. Ni que decir tiene que el Art Nouveau quedó en parte integrado en la egiptomanía (caso de la famosa acuarela-gouache Cleopatra de A. Cossard, de 1899). La Inglaterra victoriana, asimismo, se preocupó por todo lo egipcio, contribuyendo a tal interés las magníficas piezas atesoradas en sus museos de Londres, Oxford y Cambridge. Diferentes miembros de la familia real inglesa, así como funcionarios (éstos en su camino obligado a la India), visitaron Egipto y trajeron a su regreso numerosos objetos y, sobre todo, momias. Incluso a comienzos del siglo XIX, en la Sala Egipcia de Piccadilly (Egyptian Hall), diseñada por P.F. Robinson y decorada interiormente por J.B. Papworth, se efectuaban sesiones públicas de aperturas de momias, que constituían un gran aliciente visual para los espectadores. La famosa aguja de Cleopatra, un obelisco del faraón Thutmosis III que se había transportado por orden de Augusto a Alejandría, y que se levantó junto al Támesis en 1877, contribuyó lógicamente a la imagen idealizada que el público inglés tenía de Egipto. Lo mismo cabe decir del norteamericano, pues, por aquellos mismos años (1879-1881), en el Central Park de Nueva York también se erigió otra aguja de Cleopatra, esto es, el obelisco gemelo de Thutmosis III, ubicado en su día en Heliópolis. Años atrás (1836), en la Plaza de la Concordia de París (Francia) se había levantado un obelisco de Luxor, de la época de Ramsés II, acontecimiento que, según las crónicas, congregó a más de 200.000 personas. En Berlín, en 1841, se construyó un museo por orden del rey Federico Guillermo IV de Prusia para albergar la colección egipcia y los materiales traídos por K.R. Lepsius del país africano. Su gran sala reproducía un patio egipcio columnado que imitaba una estancia del Ramesseu (tal museo fue destruido en 1943 durante un bombardeo). Numerosos palacios y mansiones de toda Europa tuvieron durante el siglo XIX salas decoradas con motivos y mobiliario de imitación egipcia. Asimismo, infinidad de enseres de la vida cotidiana (juegos de té, relojes, pianos de cola, vasos, platos sillones, sillas, lechos, candelabros, medalleros, tinteros, etc.) fueron decorados o se fabricaron a la egipcia. Al propio tiempo, los mitos egipcios y el carácter astral dado a las pirámides, entre otros factores y condicionantes, motivaron el nacimiento de algunas sectas, entre ellas, la Secta de la Gran Galería, y la edición de algunas revistas más o menos esotéricas (una de ellas, La verdadera religión de Osiris), sectas y publicaciones que, junto a otras, aún permanecen en nuestros días. No hay que olvidar que la francmasonería y los rosacruz llegaron a adaptar sus recintos siguiendo disposiciones egiptizantes. En San José de California existen todavía varias edificaciones de los rosacruz totalmente a la egipcia. De entre ellas sobresale el llamado Museo Rosacruz, trazado por Earle Lewis (1967).
Egiptomanía en el siglo XX
Los grandes hallazgos arqueológicos (cabeza de Nefertiti en Tell el-Amarna en 1912 por H. Borchardt; tumba de Tutankhamón por H. Carter en 1922 en el Valle de los Reyes; tumba KV 55 por Kent Weeks en 1988, previos trabajos preparatorios, también, en el Valle de los Reyes) y el constante aire de misterio dado por muchos viajeros (e incluso investigadores) a las pirámides y a todo cuanto estuviera conectado con Egipto, han seguido provocando durante todo el siglo XX (y lo continúan a las puertas del nuevo milenio) la admiración popular por la tierrra de los faraones, manteniéndose así la fiebre de la egiptomanía. La misma llegó también a alcanzar el campo de la perfumería, en el cual sobresalieron las cristalerías Baccarat de París, que lanzaron para la casa de perfumes Bichara una serie de frascos de colonia cuyos pomos representaban una cabeza de faraón, tocada con el nemes y cuya particularidad consistía en que reproducía los rasgos del propio Bichara. La misma casa cristalera diseñaría para los perfumes Monne nuevos tipos de frascos egiptizantes bajo el reclamo de las marcas Ramsés y Lotus sagrado. En 1928, la compañía de cristalería Saint Louis diseñó para Perfumes Bichara un delicioso frasquito en forma de obelisco, incluso decorado con jeroglíficos. Por otro lado, la construcción de la gran pirámide de cristal y metal en el Patio Napoleón del Museo del Louvre (París), inaugurada en 1988 y obra del arquitecto americano de origen chino Ming Peï, viene a reforzar la presencia de lo egipcio en nuestra civilización. Lo mismo cabe decir del extraordinario y más monumental hotel del planeta, con 5.005 habitaciones (Hotel-Casino de Luxor), construido en la ciudad del juego, Las Vegas (Estados Unidos), y formado por una pirámide de bronce de 30 pisos de altura con una monumental reproducción de la esfinge de Gizeh en sus accesos.
Música
La música también se ha ambientado en muchas ocasiones en el tema egipcio (caso de Mozart con su Flauta mágica, Haendel, Schoenberg o Strauss), siendo, sin embargo, la obra más conocida y el prototipo general la celebérrima “Marcha de las trompetas” de la ópera Aida de Giuseppe Verdi, supervisada por el egiptólogo A. Mariette y estrenada en 1871. Otras óperas también se habían centrado en la temática egipcia, caso de La muerte de Cleopatra de S. Nasolini (1792), Los amores de Antonio y Cleopatra de J.-P. Aumer (1808) o El hijo pródigo de E. Scribe (1850). En el caso particular español la obra musical más famosa es La Corte del faraón, con libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, y música de Vicente Lleó (1870-1922). Dicha música ha contribuido también, sin duda, a expandir la egiptomanía, pues sigue presente en nuestros días no sólo mediante su puesta en escena, sino también por su difusión en multitud de anuncios radiofónicos y televisivos (videoclip), la mayor parte de los cuales emiten a intérpretes contemporáneos del mundo del rock y del pop, inspirados en el antiguo Egipto, caso de los cantantes y grupos Riccardo Wolf, Pyramide, Iron Maiden, ZZ Top y Bangles, por citar algunos. También el music-hall ha recurrido en numerosas ocasiones a temas egiptizantes.
Por su parte, el ballet ha utilizado temas del antiguo Egipto, destacando las puestas en escena de la célebre Hija del faraón, de M. Petipa (1862); La hija de Khéops, de C. Dall’Argine y Montplaisir (1871), y Cleopatra, de S. de Diaghilev (1909).
Cine
Lo mismo cabe decir del cine, con un gran número de filmes históricos, intriga y misterio de desigual calidad, y que se podrían ejemplificar en la interesante cinta La mujer del faraón (1921), de E. Lubitsch, en la que intervinieron como asesores un equipo de egiptólogos, y en los tan visionados de Cleopatra, cuya versión de 1963 con Richard Burton y Elizabeth Taylor arruinó a la Compañía Fox; Los Diez Mandamientos, de la Paramount, dirigida por Cecil B. De Mille, con Charlton Heston y Yul Brynner en los papeles estelares; Muerte en el Nilo, que traducía en imágenes la interesante obra de Agatha Christie, titulada Poirot en Egipto; Sinuhé el egipcio, la aventura del médico egipcio ideada por Mika Waltari, puesta en imágenes por Michael Curtiz e interpretada por Edmund Purdom y Victor Mature; La momia, con la extraordinaria actuación de Boris Karloff en el papel estelar; Tierra de faraones (1955), dirigida por Howard Hawks; La maldición de los faraones (1959), film de T. Fisher con Christopher Lee, hasta las más recientes de Faraón (1965), del polaco J. Kawalerowicz; La venganza de la momia (1973), ésta española; Stargate (1994), de R. Emmerich, y La sombra del faraón (1999), de R. Mulcahy e interpretada por Jason Scott Lee y Louise Lombard. (…) En dibujos animados, hay que reseñar la obra de la Factoría Spielberg, El príncipe de Egipto de notable ejecución técnica, como exponente y resumen de tal tipo de cinematografía.
Publicaciones y TV
Sería larguísima, por otra parte, la relación de revistas de divulgación o periódicas (fascículos) y de libros infantiles y juveniles publicados (y que continúan editándose) que tengan como centro de interés o ambientación el antiguo Egipto. Baste citar los dos extremos, que pueden ir desde las novelas de aventuras de Emilio Salgari (El sacerdote de Ptah) hasta la llorada Gloria Fuertes (La momia tiene catarro). Por su parte, la televisión mundial, con programas divulgativos sobre Egipto y la difusión de filmes y vídeos (éstos con mayor o menor aire de cientifismo) siguen contribuyendo de un modo notabilísimo al mito de la egiptomanía. Hasta tal punto llegó ésta que el movimiento hippy de los años sesenta no dudó en tomar como bandera de pacifismo al propio faraón Akhenatón.
Arquitectura
Tanto la arquitectura privada (casas, hoteles, cafeterías, farmacias, teatros, cines, pastelerías, accesos a cementerios -Boston, Toulouse, New Haven, Alberobello- y tumbas -aquí con muchos ejemplos, desde el Panteón Llovera de 1883, de A. Martorell Trilles, en el Cementerio de Valencia, o el Panteón Baüer, del arquitecto F. Arbós y Tremanti, de hacia 1910 y situado en el Cementerio Británico de Madrid-), como la pública (edificios oficiales, zoológicos, monumentos, jardines, mobiliario urbano), toda ella con mayor o menor grado de extravagancia, también han copiado cánones egipcios. Bastaría con citar el Hotel Beauharnais, de París, con su gran pórtico egiptizante (1807), obra de N. Bataille; la Puerta egipcia (Propilei Egizi), del Parque de la Villa Borghese de Roma, obra de L. Canina (1828); la Puerta egipcia del Parque Alejandro, en Puskin, no lejos de San Petersburgo (Rusia), obra del inglés A. Menelas (1827-1830); la Sala egipcia, en los londinenses almacenes Harrods; ciertos sectores de los zoológicos de Amberes (Bélgica), Berlín o Hamburgo (ambas ciudades de Alemania), la Gran Pirámide-Balneario americana de Memphis (Tennessee), el Transamerican Building de San Francisco (California), esbelta estructura apiramidada de 257 metros de altura, y la fachada del Palacio de Correos y Comunicaciones y el Gran Aquarium del Zoo, estos últimos en Madrid (España), para demostrar tales influencias y, en su caso, copias.
Párrafo aparte merece el Monumento al Soldado Desconocido de la Guerra del Yom Kippur (1973), levantado en El Cairo y consistente en una moderna estructura piramidal. En 1981, tal pirámide fue escenario del asesinato del presidente Anwar el Sadat.
Otras manifestaciones de la egiptomanía
Sería prolijo recoger con detalle cuantas manifestaciones de la egiptomanía pueden detectarse en nuestros días en infinidad de enseres y objetos. Baste citar que todas ellas están presentes en joyería, bisutería, muebles de diseño (continuadores éstos de los estilos Imperio y Regency), tarjetas postales, llaveros, envases de productos de cosmética, ropas (destacan las típicas camisetas con el nombre del comprador en jeroglífico o con la reproducción de la Piedra Rosetta) y marcas comerciales de todo tipo de productos (sopas, vino, cerveza, chocolates, etc.). En todos ellos se puede observar cuánto la imaginación de los diseñadores ha concebido acerca de lo que entienden por egipcio: batallas, efigies de faraones y de reinas, templos, tumbas, palacios, estatuas, escenas de género, pirámides, barcos sagrados, plantas y animales, cetros, armas, columnas, instrumentos variados y otros mil y un objetos faraónicos. No hay que olvidar que muchos de los barcos que cubren las líneas con Oriente, además de estar bautizados con nombres tan expresivos como Champollion o Mariette-Pachá, están decorados con motivos propios de la egiptomanía. Incluso la marca comercial de máquinas de coser Singer llegó a decorar alguna de sus series (15 K 71) con la típica esfinge cubierta con el nemes. Hasta muchas de las armas blancas, enseñas, botones de uniformes militares y cañones de algunos países han estado decorados con esfinges, leones y jeroglíficos. Hallamos también motivos faraónicos, por ejemplo, en el papel moneda del propio Egipto, numerosas series filatélicas de diversos países (en Egipto aparecieron en 1866), marcas de tabaco, símbolos de compañías petrolíferas e infinidad de cromos emitidos en numerosos países.
Mención aparte merece la egiptomanía reflejada en el mundo de los cómics, filón abierto, entre otros, por el francés J. Martin (1948), cuyo personaje Alix actúa en la Alejandría del siglo I a.C.; el americano E. P. Jacobs (1954), con una aventura del profesor Mortimer en busca de la cámara secreta de Horus, y por el belga Hergé (1955), al hacer participar al intrépido Tintín en una aventura faraónica (descubrir la tumba del faraón Kiuh-Oskh, personaje que no ha existido). A estos autores les seguirían A. Uderzo y R. Goscinny (1965), quienes situarían una hazaña de Astérix en territorio egipcio y en época de Cleopatra; el belga L. De Gieter (1974), iniciador de la saga de Monsieur Papyrus; los franceses D. Hé (1980), autor de El halcón de Mu; E. Bilal (1986), creador de la trilogía La mujer trampa; D. Haziot y H. Baranger (1989), autores de L’or du temps, magníficamente reconstruido en cuanto a la arqueología faraónica, y los italianos Sclavi, Chiaverotti y Dall’Agnol (1991), creadores del investigador de lo sobrenatural Dylan Dog. Posteriormente, el cómic de los americanos T. Dezago, R. Case y G. Wright (1997), titulado Return of the living Pharaoh, aludiría a Akasha, joven mujer de gran poder gracias a estar poseída por el espíritu de un faraón y al manejo del cetro de Horus; sin embargo, fracasaría en su enfrentamiento (como no podía ser menos) con el gran héroe americano Spiderman. Ni siquiera el gran Walt Disney escapó a la atracción por Egipto, haciendo intervenir a su famoso Pato Donald en aventuras egipcias, con las consabidas momias.
Frente a la egiptomanía o Egyptian Revival, Nile Style o Faraonismo, de fácil consumo popular y planteados todos esos movimientos casi siempre como evasión lúdica y claro negocio mediático, pero que constituyen un claro fenómeno cultural de memoria colectiva, se halla la egiptología que, con rigurosas bases científicas, intenta profundizar en el conocimiento de la milenaria historia del antiguo Egipto.
Exposiciones sobre egiptomanía
Entre las más importantes exposiciones centradas en el tema de la egiptomanía, deben ser reseñadas las siguientes:
1-París (1938). Bonaparte en Égypte. Musée de l’Orangerie.
2-Munich (1972). Weltkulturen und moderne Kunst. Haus der Kunst.
3-Nueva York (1979). Egyptomania. The Metropolitan Museum of Art.
4-Parma (1983). Imaggini per Aida. Istituto di Studi Verdiani.
5-Brighton/Manchester (1983). The Inspiration of Egypt. Its Influence on British Artists, Travellers and Designers, 1700-1900. Brighton Museum/Manchester City Art Gallery.
6-Autun (1988). L’Égypte redécouverte. Bibliothèque Municipale. 
7-Frechen-Bachem (1988). Pyramiden. Galerie Jule Kewenig.
8-Yonkers (1990). The Sphinx and the Lotus: The Egyptian Movement in American Decorative Arts, 1869-1939. Yonkers (Nueva York), The Hudson River Museum.
9-Brookville (1990). Napoleon in Egypt. Brookville (New York), Hillwood Art Museum.
10-Figeac (1990). L’Égypte, Bonaparte et Champollion. Figerac, Hôtel de Balène.
11-Estrasburgo/París/Berlín (1990-1991). Mémoires d’Égypte. Estrasburgo, église Saint-Paul / Paris, Bibliothèque Nationale / Berlin, Museo de Egiptología.
12-Bruselas (1991). Du Nil à l’Escaut. Banque Bruxelles Lambert.
13-Ciudad de México (1991). El sueño de Egipto. La influencia del arte egipcio en el arte contemporáneo. Ciudad de México, Centro Cultural Arte Contemporáneo.
14-Brookville (1992). Egyptomania. Brookville (New York), Hillwood Art Museum.
15-París/Ottawa/Viena (1994-1995). Egyptomania. Paris, Musée du Louvre / Ottawa, Musée des Beaux-Arts du Canada / Viena, Kunsthistorisches Museum.
Bibliografía
ADAM, J. P.: “L’archéologie travestie”, en L’Archéologie et son image, pp. 185-199. (Juan-les-Pins: 1988).
AUFRÈRE, S.H.: La Momie et la Tempête. (Avignon: 1990).
BALTRUSAITIS, J.: La Quête d’Isis: Essai sur la légende d’un mythe. Introduction à l’égyptomanie [Reedición]. (París: 1985).
CASTELLI, P.: I Geroglifici e il mito dell’Egitto nel Rinascimento. (Florencia: 1979).
DE MEULENARE, H.: L’Égypte ancienne dans la peinture du XIXe siècle. (Knokke-Zoute: 1992).
HUMBERT, J. M.: “Les Pharaons d’Hollywood: archéologie et égyptomanie au cinéma”, en L’Archéologie et son image, pp. 261-274. (Juan-les-Pins: 1988).
HUMBERT, J. M.: L’Égyptomanie dans l’Art Occidental. (París: 1989).
“Louvre. Egyptomania”, en Catálogo de la Exposición de París. (París: 1994).
ZIEGLER, CH.: “Égyptomanie”, en Catálogo de la Exposición de Mont-de-Marsan, pp. 38-44. (octubre 1977-enero 1978).
F. LARA PEINADO

PARA SABER MÁS
En este enlace y aquí