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Este blog educativo está dedicado a la Historia del Arte en general, y a la Historia de las Artes Decorativas y el Diseño en particular (indumentaria, joyería, cerámica…). Moda en el Arte, Arte en la Moda. Todos los textos han sido escritos por la autora del blog, Ana Galván Romarate-Zabala. Si los utilizas, cita las fuentes. Como la figura mitológica de Cassandra, este blog aspira a la verdad, aunque sin pretensiones proféticas.
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domingo, 24 de abril de 2016

LA HEGEMONÍA DEL TRAJE ESPAÑOL EN EL RENACIMIENTO



Retrato de Alejandro Farnesio por Sofonisba Anguissola, c. 1545. National Gallery de Dublin.  Lleva un lujoso tudesco brocado forrado con piel de armiño, el súmmum de la elegancia 

ANÁLISIS DE TEXTOS SOBRE INDUMENTARIA: LA HEGEMONÍA DEL TRAJE ESPAÑOL EN EL RENACIMIENTO Extracto de “El traje en España, un rápido recorrido a lo largo de la historia” por Enriqueta Albizua Huarte, Ed. Arte Cátedra, 2012

“El siglo XVI, con la instauración de las grandes monarquías, ve consolidarse un traje de marcado carácter nacional (…). Cada país desarrolla un modo de vestir propio y hay conciencia de ello. La hay en nuestra península, que en el siglo precedente había creado prendas propias en el traje femenino –de difusión más allá de nuestras fronteras- y que ahora, con los reinados de Carlos V y Felipe II iba a imponer su moda a Europa.
A principos de siglo el traje español mezclaba notas nacionales ocn influencias extranjeras, debidas sobre todo a los dobles matrimonios de los hijos de los Reyes Católicos, Juana y Juan , con Felipe y Margarita de Austria.
Felipe el Hermoso había introducido en España los esplendores de la corte de Borgoña, así como detalles de la indumentaria de Flandes que se intensificaron con la llegada a España de Carlos V. El emperador traería también consigo las modas alemanas, que triunfaban entonces por toda Europa y que aquí se hacían sentir sobre todo en el traje masculino: en las braguetas prominentes, las cuchilladas, cierto tipo de gorras y una capa llamada el tudesco. Italia también hace patente su influencia en el cabello corto de los hombres, algunas gorras y los escotes de los trajes femeninos. Sin embargo, la severa etiqueta de la casa de Austria, su contención en las formas, daría un aire homogenéo y fundía estas diversidades.
España gozaba de un gran prestigio en Europa desde finales del siglo XV tras el descubrimiento de América –que proporcióno una inmensa afluencias de metales preciosos, fuente de lujo para las costumbres y el vestir- la expulsión de los árabes y la unificación nacional. La subida al trono de Carlos V suponía la concentración en su persona del más vasto y poderoso imperio de Occidente; se reunían en sus manos los dominios de Habsburgo y de los Reinos de Castilla y Aragón. Además a partir de 1519 se efectuaba la conquista de Méjico, seguida de la de América Central y del Norte y por otro lado, su matrimonio con Isabel de Portugal y el de su hermana con el rey Juan III aportaban a tan dilatados dominios la corona de Portugal, Brasil y el imperio colonial de las Indias; era el imperio en el que como se diría en tiempos de su hijo Felipe II, “nunca se ponía el sol”. Esta supremacía territorial lo fue también política y tuvo su espaldarazo militar en 1625 cuando el emperador derrortaba al monarca galo Francisco I, en la Batalla de Pavía. A partir de este momento la hegemenía española en el panorama internacional trasciende al campo de la moda y el traje hispano se va a identificar de tal manera con su poderío y prestigio que , a mediados de siglo, vestir “a la española” suponía la suprema distinción.
El carácter domnante del traje español es su sobriedad, su austera elegancia –algo así como un espíritu de “lujo rígido”- su color es el negro, cuya moda se extiende a Italia, Francia e Inglaterra. A este respecto, Baltasar di Castiglione, que había visitado España en 1525 en calidad de nuncio papal, opinaba en su obra “El Cortesano” –publicada en 1528 y libro de cabecera para todo aquel que quisiera ser un perfecto caballero conforme a los ideales de la época – que el negro (convertido en el símbolo de la monarquía española) proporcionaba más atractivo que cualquier otro color a las prendas de vestir y que en su defecto se debía utilizar, como mínimo, un color oscuro. La suya era una apología del traje español al que convertía en adalid de la moda al decir “yo quisiera que el traje atestiguase esta seriedad que conserva tan extraordinariamente la nación española”.
Con la hegemonía del traje español –cuya gravedad no va reñida con el lujo- asistimos a una estilización de las líneas del cuerpo, a su reducción a formas rectas y geométricas tanto en el traje masculino como en el femenino. (…)