lunes, 26 de octubre de 2009

El Tesoro real de Ur (I)

Las artes decorativas en Mesopotamia tienen fundamentalmente un carácter cortesano, realizado al servicio del poder o de la fe. Encontramos una gran variedad de objetos desde cilindros sellos a amuletos, pequeños bronces, piezas cerámicas, joyas, arpas, etc.

Mesopotamia, región escasamente provista de madera y piedra, tampoco es rica en metales, si bien en algunas zonas había algún yacimiento. Utilizaron cobre, bronce, hierro, e incluso oro y plata para realizar piezas de gran belleza. Solían ser obras de pequeño tamaño pero de elevado valor.

Uno de los conjuntos más representativos de las artes decorativas de Mesopotamia es el Tesoro Real de Ur:

Entre todos los enterramientos del Tesoro Real de Ur destaca el de la reina Shubad o Puabi, uno de los más fructíferos en hallazgos, sobre todo joyas de la propia reina y de sus damas. Hay que destacar que en aquellas primeras etapas de la civilización mesopotámica se mantenía la costumbre del asesinato, en la misma sepultura, de los sirvientes del fallecido que le acompañaban al más allá. La reina Shubad, de tan refinado gusto, se llevó por delante a sesenta y ocho hombres y mujeres, cuyos cadáveres quedaron ordenadamente dispuestos en la rampa y en la antecámara de la tumba. Debemos “agradecer” a la reina su crueldad, pues los soldados y sirvientes sacrificados llevaban encima armaduras y armas, joyas y objetos musicales que de otra manera nunca habríamos conocido.

Algunas de las muertas allí enterradas eran arpistas y los elementos decorativos de sus instrumentos, que sobrevivieron al alma de madera, dan cumplida idea de la habilidad de los orfebres mesopotámicos. En oro, plata y lapislázuli se hizo también una curiosa pareja de machos cabríos que se apoyan en unos arbolillos floridos.

Como podemos observar en el tesoro de Ur había piezas en oro, plata, combinadas con madera, piedras preciosas, conchas, lapislázuli…

Las arpas de madera con cabeza de ciervo o de toro, también en oro y plata o bien en oro y lapislázuli; los machos cabríos de cuerpo de madera recubierto con láminas de oro y plata, incrustadas de la misma manera.

Entre todas las piezas destaca el llamado Estandarte de Ur. Esta pieza es un pequeño cofre de madera cuyas caras laterales poseen un mosaico de lapislázuli en el que se han incrustado buen número de figuras de concha de nácar. Las dos caras mayores muestran dos facetas distintas de la vida del pueblo sumerio: la de la guerra y la de la paz. Ambas caras están divididas en tres registros superpuestos en altura pero que se continúan iconográficamente del inferior al superior y de izquierda a derecha, excepto en el último, cuyo orden de lectura procede de derecha a izquierda (cara de la paz) o es de composición simétrica (cara de la guerra).

En el registro inferior de esta última cara, los protagonistas son los carros de combate, que ruedan arrollando a sus enemigos sin piedad y aplastándolos con las patas de los asnos; en el registro medio, soldados de a pie, con casco y túnica de cuero claveteado, avanzan con sus hachas y lanzas haciendo prisioneros a los combatientes enemigos; en el registro superior, los enemigos son presentados desnudos ante el rey, que se ha bajado ya de su carro y ocupa un lugar central privilegiado. En la cara de la paz, el rey, sentado, degusta la bebida en compañía de una serie de dignatarios a los que acompañan un músico y un cantante. Todos los personajes visten la típica falta sumeria, con el torso desnudo y el pelo y la barba afeitados por completo; en los otros dos registros, los porteadores y criados caminan con pesadas cargas o transportando animales (desde peces a vacas) que habrán de complacer las exigencias regias. Está hecho en concha, lapislázuli y caliza. Se conserva en el Museo británico de Londres.