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Este blog educativo está dedicado a la Historia del Arte en general, y a la Historia de las Artes Decorativas y el Diseño en particular. Apuntes de Fundamentos del Arte I y II. Resúmenes de Historia de la Indumentaria. Cine en el Arte, Arte en el Cine. Todos los textos han sido escritos por la autora del blog, Ana Galván Romarate-Zabala. Si los utilizas, cita las fuentes. Todas las imágenes contenidas en esta web tienen exclusivamente una intencionalidad didáctica. Si alguna imagen empleada vulnera derechos de autor, puede solicitar la retirada del material que considere de su propiedad intelectual. El contenido de mis artículos puede ser descargado libremente, pero por favor, cite la procedencia. Imagen que encabeza el blog: Un Bar aux Folies Bergère, Édouard Manet, c. 1882. Courtauld Institut, Londres. Fuente de la imagen: Wikimedia Commons. Public Domain

miércoles, 2 de junio de 2010

Entre el mito y la realidad: fascinados por Oriente


Hasta el próximo día 20 de junio de 2010, se puede contemplar en el Museo de Artes Decorativas de Madrid la excelente exposición "Fascinados por Oriente". De forma muy didáctica, con un montaje original y espectacular, nos muestra el impacto de Oriente en la cultura occidental , desde la época de la Antigüedad hasta la Actualidad.
Y es que hoy en día, la mitad de los objetos que nos rodean están fabricados en Oriente. Comemos en restaurantes chinos, somos fanáticos de los manga y anime, utilizamos cotidianamente diseños y tecnología made in Japan, in Taiwan...

Aquí os dejo algunas notas que tomé de la exposición:

Ya desde el siglo II después de Cristo empezaron a llegar a nuestra civilización productos del Oriente, tierra, por lo demás, ignota durante siglos. Andando el tiempo se fueron creando diversas rutas comerciales: la Ruta de la Seda, la Ruta de las Especias... y en la Edad Media empezó a llegar a Europa la porcelana china. Mientras, el imperio mongol de Genghis Khan se configuraba como el mayor de toda la Historia.

Podemos encontrar descripciones fascinantes, trufadas de leyendas, entre lo real y lo fantástico. El primer occidental en adentrarse en el corazón de Asia fue Alejandro Magno, el rey de Grecia, atraido por las riquezas del Lejano Oriente. Muchos relatos míticos llenaban la imaginación de los occidentales.

Inventos mágicos como la brújula, la pólvora, la tinta -de ahí lo de "tinta china"- el papel o las cometas, son de origen oriental. Como las amenazas terroríficas de los pueblos de las estepas, hunos y mongoles. Era la tierra de las maravillas.

Los relatos del veneciano Marco Polo (1298), del madrileño Rui González de Clavijo (1403) y los mapa mundis como el Atlas catalán (1375) plasman la visión mítica de Oriente que prevalecía a fines de la Edad Media. Mezclaban el conocimiento directo de los primeros viajeros occidentales con las leyendas y los seres fantásticos que poblaban la imaginación desde hacía siglos: la Torre de Babel, la Reina de Saba, la Morada del Anticristo, el Reino de las Amazonas, las sirenas, los cinocéfalos...

Oriente está en nosotros. Siempre lo ha estado.

sábado, 15 de mayo de 2010

Reivindicando Bizancio


Os reproduzco un artículo muy interesante del suplemento de cultura Babelia de hoy sobre Bizancio:

Cúanto debe Europa a los Bizantinos

CARLOS GARCÍA GUAL 15/05/2010

Judith Herrin denuncia la injusticia histórica contra una civilización con más luces que la sombra de su fama

El diccionario de la RAE de la Lengua Española (edición de 1970) define "bizantinismo" como "corrupción por lujo en la vida social, o por exceso de ornamentación en el arte", y, en segunda acepción: "Afición a discusiones bizantinas". Respecto a "bizantino", nos advierte: "Dícese de las discusiones baldías, intempestivas o demasiado sutiles". El sentido despectivo del término es común a otras lenguas; y se funda en un viejo estereotipo, heredado de la Ilustración, junto a la imagen de un mundo bizantino "corrupto" de figuras rígidas, joyas y ropas de oro, iconos, cúpulas, mosaicos, sedas, eunucos, una corte de intrigas sangrientas y discusiones teológicas infinitas en monasterios, plazas y mercados. (Una imagen decadente evocada por Hegel, Voltaire y Gibbon, y sus contemporáneos).

"Sin Bizancio no habría existido Europa", afirma Judith Herrin al tiempo que denuncia su perversa fama

Pero esa imagen deformada no hace justicia al refinado y milenario imperio que defendió a Europa de los ataques árabes durante siglos, y civilizó y cristianizó el mundo eslavo, y mantuvo y transmitió el gran legado cultural del helenismo y a través de los exiliados y los textos clásicos impulsó el Humanismo del Renacimiento. "Sin Bizancio no habría existido Europa", afirma Judith Herrin al tiempo que denuncia esa perversa fama y su difusión europea. Los europeos no sólo cometieron una de las más infames traiciones de la historia al lanzar la Cuarta Cruzada a conquistar y saquear impíamente la espléndida Constantinopla, sino que más tarde rehusaron socorrer a la aislada Bizancio en 1453, cuando Mehmet II acometió su conquista. Con feroz codicia asesinaron a muchos bizantinos en 1204, dos siglos más tarde abandonaron la ciudad a los turcos, y, luego, acaso con mala conciencia, insultaron a los vencidos. "Las sistemáticas calumnias dirigidas hacia Bizancio como imperio que continúan aún hoy", escribe J. Herrin, "se originaron en el intento de los cruzados de justificar su codicia y pillaje contra sus correligionarios cristianos". (Los bizantinos eran hermanos en la fe, pero cismáticos, algo heréticos y encima arruinados. Ni los monarcas europeos ni el Papado les tenían ninguna simpatía. Tampoco los intelectuales del XVIII, ya se ve, por otras razones).

No faltan libros recientes con una perspectiva más justa de los méritos y logros de la civilización bizantina, corrigiendo el tópico tradicional, y subrayando los avances y los claros rasgos de modernidad en aquel prolongado y versátil imperio, que también, como otros, tuvo sus tiempos siniestros y una triste decadencia. Como ha escrito G. Cavallo: "Bizancio anticipa el estado centralizado de la edad moderna, experimenta formas estatutarias de asistencia pública y privada a la pobreza, se abre a modos capitalistas de expansión económica, concede a la mujer -aunque sea bajo el ropaje de un difundido antifeminismo- una dignidad y un papel desconocidos hasta nuestro siglo, y anticipa prácticas de trabajo intelectual (ediciones de textos, formas de lectura) de la edad moderna". Mucho antes, Hans Freyer destacaba, en su Historia universal de Europa, cómo había ejercido de dique y filtro espiritual entre Oriente y Occidente: "Bizancio recibe los poderosos efectos del Oriente y, en sentido positivo, ha impermeabilizado al Occidente contra ellos, o al menos, como un filtro, ha dejado pasar poco hacia él. Muy varia sabiduría de la sangre, viejas experiencias del cuerpo y el alma, mucho arte del goce y de la ascesis se han perdido con ello para Occidente, y sólo gracias a ello es éste tan inquieto, tan inteligente, tan falto de sabiduría y tan laborioso ahora".

El Bizancio de Judith Herrin es "una historia distinta" sin el habitual esquema cronológico. Enfoca en capítulos sueltos sus aspectos más característicos, sugestivos y fascinantes, en un relato espléndido por su amenidad, colorido dramático y fresco estilo. Trata, en sabias viñetas, de Constantinopla, la mayor ciudad de Europa, Santa Sofía, los iconos, los mosaicos de Rávena, la ortodoxia, los eunucos, la corte, la sociedad cosmopolita y el bastión contra el islam; también de Cirilo y Metodio, las cruzadas, la iconoclasia, el "fuego griego", Venecia y el tenedor (joyel de una princesa bizantina), el Monte Athos, el asedio de 1453 y, en fin, de "la grandeza y el legado de Bizancio".

Al comienzo Judith Herrin cita una nota reciente de prensa sobre la Unión Europea y sus "regulaciones tributarias de una complejidad manifiestamente bizantina". Luego comenta: "Si necesitamos una palabra para describir la mendacidad de nuestros actuales líderes políticos, la estrafalaria incompetencia de nuestras burocracias, el taimado egoísmo y las maquinaciones ilegales de nuestras grandes empresas, o bien el enrevesado atractivo de los pasillos globales de la fama, debemos encontrar un término apropiado, y no es el de bizantino. No es que el imperio estuviera libre de corrupción, de crueldad y de barbaridades, pero al proyectar en él las ideas que todavía evoca el término bizantino, estamos sugiriendo que todos esos defectos pertenecen a una sociedad remota y condenada, ajena a nuestro carácter y desvinculada absolutamente de nuestras propias tradiciones".

El adjetivo "bizantino" merece otras connotaciones, y Bizancio otra mirada.

Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa moderna

Judith Herrin

Traduccio J. Ramos Mena. Debate.

2009. 495 páginas. 27,90 euros.

El hombre bizantino.

Traducción de P. Bádenas y otros. Alianza. Madrid, 1994. 356 páginas. 26,30 euros.

El hombre bizantino

Guglielmo Cavallo (editor).

Taducción de P. Bádenas y otros.

Alianza. Madrid, 1994.

356 páginas. 26,30 euros.